Eileen
Poca gente puede comprender que para mí el recordar ser Eileen fue un antes y un después de mi existencia. Mis recuerdos como Eileen me llevaron a escribir el comienzo de una saga a los nueve años, a enamorarme de la parapsicología (gracias a esta y a otra horrenda experiencia a esa edad temprana), a llorar al escuchar mi primera gaita, a conectar con uno de mis guardianes que es de los seres más importantes (por no decir que, Raoul, es el ser más importante) de mi vida, a recordar otras experiencias que me llevarían a mi querido Phoebus, a mirar a los ojos a viejos amigos (como al llamado en Rhindanos, Adrien Engueldram o Elsa Steiner), a solucionar promesas que no pude cumplir (la prometida a Chestilaw). Eileen es la razón por la que soy Liam ( mi nombre de hecho es en honor a mi padre en esa vida, William, aparte del significado que describe muchas cosas).
Eileen me ha enseñado tantísimas cosas a lo largo de los siglos que mil veces lo agradezco… Espero que ella sepa en su corazón, que aprecio haber tenido la oportunidad de ser ella, de vivir su difícil vida y de recordar todo y a todos. El otro día hacía una regresión y tranquilizaba a mi clienta, diciéndole que si no veía nada, que no se preocupara, los recuerdos nos vienen cuando los necesitamos; yo necesitaba a Eileen en mi vida, necesitaba su presencia en mis recuerdos para poder dar sentido a aquello que realizaba en esta vida. Eileen es mi motivo principal por el que estoy aquí.
Mi viaje fue de dentro a fuera como todos los aprendizajes deberían ser, y mi primera puerta interna daba a la que llamaría Eileen Spidereick en mi saga de Rhindanos. Una puerta que sin saberlo abría cada noche, con un mismo sueño y una sabiduría interna que me aseguraba que yo era esa niña de cabello platino y vestimentas extrañas. Yo he crecido junto a mis recuerdos de Eileen, las memorias de Eileen marcaron mi infancia tal como lo hicieron obras históricas que me hacían comprender que Eileen era de aquella época, ergo yo también. Yo he sido Eileen sin siquiera serlo. Al dudar de mi identidad, lo único que sabía es que yo era Eileen, lo había sido una vez, tendría que seguir siéndolo, ¿no? Lo seguía siendo en mi presencia, en mi esencia, en mi alma, mas mi experiencia, conocimiento y persona eran tres cosas que se separaban al llegar a un punto preciso de la pequeña Eileen. Recordar trae ciertos problemas, y este es uno de ellos. No me daba cuenta que mediante Eileen estaba comenzando a abrir nuevas puertas y a comprender quién era verdaderamente, quién es Liam, quién soy yo y quién debo ser ahora.
Hoy día recuerdo muchos nombres, muchos rostros, varias vidas con bastante profundidad, ya no solo soy Eileen, soy mi yo del siglo veinte, que luchó por amar; mi yo del siglo diecinueve que luchó por la libertad y murió por la antigua tierra de Phoebus; mi yo del dieciocho que murió por la armonía de su tierra, Escocia; mi yo del diecisiete, Eileen, que murió por sus ansías de volver a su isla perdida en la nada, que perdió a todos por una condena cristiana, cuya alma resentía sufría al abandonar a aquel a quien amaba, sin saber que aquella alma la seguiría donde fuera que fuese; a mi yo del siglo once, que viajaba por cada rincón del planeta sobre un pequeño barco de madera y que miraba con dulzura los ojos de aquellos que morían; mi yo del siglo uno, una pobre mujer que labraba y labraba sin parar sin llevarse un gramo de pan a su casa; yo soy también aquella joven negra que convivió durante un tiempo conmigo en el siglo veintiuno; yo soy también aquel pupilo del quinientos antes de Cristo; aquel guerrero, perdido en un amor que no debía ser, en el 2500 antes de Cristo y aquel enamorado del sol en el 3000 ac. Yo también soy el pleyadiano que tras viajar por muchos planetas, posó su mirada en el nuevo experimento de la Tierra y se prometió al ser destruida Lemuria que jamás abandonaría ese planeta hasta que no regresaran los gloriosos días. Soy también ese arcturiano, y aquel habitante de la constelación del Reno, soy también el Universo. Por último, soy el conjunto de todos estos y de los que no recuerdo: Liam, aquel que luchar por el derecho a ser en el siglo veintiuno.
Pero sin Eileen nada de estos recuerdos estarían en mi mente…
Fue Eileen la que comenzó todo, fue Eileen la que me construyó como persona, fue Eileen quien me hizo abrir los ojos, fue Eileen y Raoul quienes me terminaron de despertar del sueño en el que estamos atrapados cuando llegamos a la Tierra. Fue primero Eileen (el interior), luego Raoul (el exterior), quienes comenzaron este viaje de mi mano, junto a ellos, que no dejan de ser yo y aquel que siempre me ha acompañado sin importar las circunstancias, sin importar mi ignorancia. Fueron primero ellos quienes me despertaron a los recuerdos, que me llevarían a Phoebus que me enseñaría la belleza de esta Tierra mía que una vez pude divisar y que se me olvidó con el tiempo, enredándome en los odios. Fue Apolo Phoebus, tras Eileen y Raoul, quien me mostró quién era aquí, en este presente, una versión barata, simple y humana de aquel yo que por primera vez pisó la Tierra. Fue Phoebus quien me mostró la belleza en todo, incluso en la oscuridad, tal y como había hecho siglos antes.
Así pues, comencé a comprender que mi vida, mi existencia, y la de mis ancestros de este avatar, eran las historias de mis vidas recordadas entrelazadas en un mismo marco temporal, en una misma familia, en una misma identidad.
Sin Eileen no hubiese recordado, requiriendo la ayuda de Raoul para saber más. Sin Raoul no hubiese recordado quién fui, y esas memorias que me dirigirían a Apolo no llegarían, ergo, sin Apolo no hubiese sabido quién soy ahora, ni mucho menos divisar la belleza que me mostró, sin esta belleza no hubiese ampliado mi visión, llegando a apreciar levemente los pensamientos y la vibración del primer yo que vino a este planeta. Ahora de la mano de mi Yo Superior, dividido en una figura masculina, aquel yo que primero llegó y una femenina, aquella mujer de negras facciones que todavía no conozco bien, camino en esta senda, agradeciendo a Eileen por ser, a Raoul por estar, y a Apolo por persistir.
Mis tres pilares son ellos: Eileen, mi yo más salvaje y especial que siempre tendrá un huequito en mi corazón; Raoul, mi maravilloso protector, mi “consejo de lobo”, “consejo de Neyland”, mi consejero, mi alma, mi amor incondicional, fiel compañero de vidas; y Apolo, mi maestro, quien me siguió incluso cuando lo odiaba, que aguardó esperando el momento en el que lo recordara y me recordara.
A ellos tres, mas especialmente a Eileen, les debo toda mi alma.
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