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Mostrando entradas de julio, 2022

Ya no son mías, aunque jamás me pertenecieron

  Primero mis palabras eran mías. No había nadie que las cambiase, ni que las interviniera, ni siquiera mi familia, ¿amigos? Todos ellos eran muertos para mis letras. Luego, comenzaron a conocerlas. Las letras que yo había creado, mis personajes, mis historias que me devolvían a mi pasado (mío, solo mío y de nadie más), dejaban de pertenecerme, y comenzaron a intervenirlas, no solo mi ambición de ser mejor, sino la de los editores que, como robots, no comprendían mis narraciones. Las conocieron mis profesores, mis compañeros, mis amigos, mi madre, mi abuela, mi hermana, los hijos y nietos de la pareja de mi abuela, los amigos de mis amigos, las amigas de mi hermana, los ancianos del barrio,   las editoriales y con el auge, algunas criaturas de España. Comenzaron a conocerlas desconocidos con los que debatía, arrebatando sus alientos con un simple “empero”, quitándoles el griterío con un par de palabras poco usadas o, quizá, a causa de la elegancia con las que danzaban. ...