Äedys de Ýndivar

 Äedys es la reina de los elfos aristocráticos en Rhindanos I. Sin ser proveniente de Côbvier se enamoró terriblemente del planeta y se negó a abandonarlo, incluso cuando la oscuridad lo azotaba. Muchos de los suyos huyeron, pero ella se mantuvo en los últimos lugares con luz tratando de devolverla al mundo. Äedys representa lo que deberíamos representar todos: Un alma que se preocupa por extender el amor, que vive desde este, pero que comprende que si su misión falla será porque el destino y la propia tierra así lo quieren. 


De Aëdys de Ýndivar muchas cosas podemos aprender, desde su calma hasta su ingente sabiduría. Pese a que los mágicos de Édlhert no tenían contacto con los elfos, muchos de ellos acudían en busca de consejo a la reina de estos, que sin dudarlo, los atendía, mostrándoles lo que tanto requerían siempre y cuando sus intenciones fueran puras.


Äedys representa no solo a un ser que ha existido y sigue existiento en planos altos, sino a la energía con la que deberíamos afrontar este nuevo año que ha comenzando y los siguientes nueve años.


Hay que ser un poquito más como Äedys, intentar hacerlo en nuestro día a día y la humanidad se transformaría en una muchísimo mejor. La elfa nos habla de que la sabiduría, el amor, el equilibrio y la paz no se pueden alcanzar si los buscamos en nuestra exterior, pues la mayoría de los seres que nos rodean yacen perdidos sin saber ni siquiera quienes son. Äedys de Ýndivar nos recuerda firmemente que todas estas cualidades no se encuentran fuera de nosotros, sino en nuestro interior. Tenemos que buscar la forma de encontrarlas en nosotros, de manera completa y plena para poder comenzar a hablar del exterior.


Äedys nos diría que para encontrar esa armonía, que no deja de ser el conjunto del amor que danza con la sabiduría, el equilibrio y la paz, requerimos ingentemente conocernos, y cuando insiste con ese verbo, nos recuerda que debemos reconocernos, volver al corazón, volver al ser y contestar a las siguientes preguntas desde nuestra alma: 

"¿Qué hice aquí, qué hago aquí?"

"¿Quién fui, quién soy?"

"¿De dónde vengo?"

Y tras contestarlas, uno comenzará a moverse hacia los demás, viendo que no hay diferencia entre el prójimo y nosotros, solo un cambio de perspectiva.


Comenzamos a aprender de nosotros para luego permitirnos aprender y ser del resto, pero antes de eso tenemos que ser con nosotros mismos en plenitud, hemos de hallar todo aquello que deseemos hallar en el exterior en nuestro interior:

Si queremos amar, debemos amarnos antes.

Si queremos felicidad, debemos ser felices con nosotros antes.

Si queremos abundancia, debemos comprender que nosotros somos abundancia.

Si queremos conocer, debemos (re)conocernos primero.


Äedys nos anima a construir el mundo con el que soñaron los celestes, un mundo repleto de balance, donde solo existirá el amor y donde el odio sea simplemente un mito de unas épocas que no retornarán. Cuando uno se ama a sí mismo verdaderamente, no encontrará en su interior motivo de odio para atacar al otro porque sabremos que esa persona que una vez odiamos por su identidad de género, su sexualidad o su etnia, no es más que un reflejo de nosotros mismos. Cuando uno se ama, amará incondicionalmente.

No obstante, perdidos como estamos en una época moderna que nos aleja de cuidar al alma, al corazón, ergo, a la esencia, la mayoría de la gente odia porque se odia a sí misma ya que no encuentran en ellas la paz que tratan de buscar en el resto. De esta manera, cuanto más nos separamos del camino que nos lleve de vuelta al corazón (reconocernos, recordarnos), más aumentarán los movimientos de odio. Esos ataques a las personas trans y al resto de miembros del colectivo LGBTQ+, a las personas racializadas o gentes que la humanidad considera distintas hasta el punto de marginarlas, no posee otro origen, otra raíz que el reflejo del odio que nos tenemos a nosotros mismos. Nos molesta que alguien sea feliz con quien es, porque nosotros no hemos encontrado aún ese bienestar con el Ser que todos representamos.



Äedys de Ýndivar nos invita a la reflexión, a la meditación, a la sanción de nuestro ser para poder sanar al resto. Si todos nosotros seguimos la energía de Äedys y acabamos abrazándola y viviéndola desde adentro, de nuestro exterior, nuestro planeta alcanzará esa vibración del amor que debería representarle.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Retorno al pasado

Under a Zambian Tree Review

Humanos