Téigh abhaile
Se perdió un día un hombre en medio del océano, entre
Irlanda y Escocia, entre la esmeralda y la magia, entre la pureza y la valiente,
entre los dioses y los elfos. Entre la oscuridad y la luz, entre el frío y el
calor, entre el día y la noche.
Se perdió un hombre una vez, entre Eírin y Alba, entre su
tierra y la mía.
Nos perdimos una vez dos almas alejadas de su patria, dos
distintas que, sin embargo, eran amigas, y comprendimos que en los ojos
contrarios se hallaba el norte al que tanto añorábamos.
Tanto tiempo separados de las montañas, de las verdes
llanuras, de los acantilados, alejados del viento salvaje que acariciaba nuestra
tez, del frío aterrador, de los caballos salvajes y los dioses celtas; tantísimo
tiempo desolados, perdidos y vagando con una promesa en nuestros labios: “Tiocfaidh
mé abhaile”; “Tha mi a’ dol air ais dhachaigh”, “iré a casa”, “I am going home”,
empero el camino era largo, abrupto y extraño. Vagábamos por tierras desconocidas,
tierras que nos habían visto crecer, sonreír, llorar, mas nuestra alma sabía
que el hogar se hallaba lejano como una promesa que ni el más fuerte horror
podría borrarnos, una promesa que compartíamos en silencio, callando y hablando
mediante nuestro amor a unos lares lejanos.
Él había visto su tierra más de una vez con aquel cuerpo; yo
solo en mis recuerdos. Ambos viajábamos al hogar en nuestros sueños más íntimos
y secretos.
Una isla esmeralda, otra morada, una azotada por los
vientos, la otra por el sonido de las gaitas; las dos poseedoras de la misma
mirada, compartían historia y según nos vimos lo supimos.
Su presencia era mi norte, la mía el suyo. Su presencia
evocaba en mí la añoranza a mi tierra, a mis altas montañas y a mis ochocientas
islas inhabitadas; la mía evocaba en él una isla dorada de tintes esmeraldas,
donde la vida era eterna. Evocaba su pasado y también el mío.
Él me enseñó palabras y yo le devolví la esperanza; él me mostró
que mi tierra no era falsa, que seguía allí en el otro lado del océano,
esperando por mí. Yo le mostré que su tierra seguía acordándose de él tanto
como él lo hacía.
Por unos instantes el universo quiso que creyéramos que yo
era Alba y él Eírin, que yo era Escocia, y él Irlanda. Quizá nuestras almas lo
fueran o tal vez simplemente estábamos enamorados de nuestra patria, y en el
otro veíamos a una persona que nos entendía, que también estaba lejos del hogar
y sentía su llamada aunque las barreras le impidieran regresar.
Se perdió un día un hombre en un lugar desconocido, la
oscuridad lo rondó, apagando el sonido del baile, silenciando sus tacones en contra
de la madera, apagando su canto, robándole su alegría y arrebatándole la
existencia. Con su brillo se desvaneció su único hilo a la morada. Y yo, yo me
alejé en silencio, después de derramar tres lágrimas saladas, porque mi norte
se había rendido y solo me tenía a mí para regresar a casa, solo a mí, mi
recuerdo y el conocimiento de que no era la única persona que añoraba su hogar.
Porque éramos dos almas perdidas entre lo desconocido y
nuestras islas, entre la desesperación y la gloria; dos almas perdidas por la
gracia de las moiras.
Yo escribía para regresar a mi hogar, él enseñaba. Yo huía,
él escapaba. Ambos hacíamos lo mismo con distintas palabras ya que éramos lo
mismo: Un amante lejos de su amada.
Ambos perdidos en las sombras, y una ligera sonata rondando
en nuestros labios, una canción, una danza, una espada, una palabra, una isla,
una casa… Unas memorias y el norte como meta.
Volveremos a casa cuando los hados lo deseen, cuando estemos
preparados para enfrentarnos a los fantasmas del pasado, pero volveremos a
casa, a ver las luces de la noche y sentir el viento en la cara, a ser
empujados por las brisas, a escuchar las historias en gaélico, a sumergirnos en
nuestro mundo, en nuestra tierra, en nuestra alma.
Y yo, posiblemente, no vuelva a ver al norte en persona,
pero sigue en mis memorias de mil formas, con dos cuerpos, y el mensaje claro,
ese mismo que yo le transmití:
“Téigh abhaile”.
Y él me respondió así: “Falbh dhachaigh”.
Abhaile, dhachaigh, home, casa… “Vuelve a casa”.
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