Al susurro del alma hay que seguir.

Ya hace un tiempo que terminé el curso escolar.  Ya no volveré a una escuela, al menos no como alumno, y, sin embargo, sigo siendo presionado por el colegio y los tutores, aunque estos se mantienen algo más alejados.

 

 

 

Escucho una canción extraña en la radio, y solo soy capaz de seguir sus notas.


 

Mi alma me grita ir a sitios remotos, y mi sino me está guiando a sitios, incluso peligrosos, mas parece que es a donde mi alma ha de ir. Donde sea que me dirija el destino, bien sé yo que es muy lejos de las tierras que me vieron nacer en esta vida y que, de alguna forma, acabaré en mi verdadero hogar: Escocia. Quizá mancillado, quizá hundido, quizá más sabio o más roto, quizá simplemente viva un poco más.

 

Por mis notas, me reclaman acudir a una carrera que no me importe absolutamente nada, en una España que pronto será derrotada, pero mi mente y mis ansias de conocimiento me guían primero lejos y sin estudios en mente, para luego regresar a una bella tierra que se alza encima de mí.

 

“Tienes unas calificaciones espectaculares, ¿qué estudiarás?”

 

“Nada, señora, yo ahora me marcharé, dejaré que mi alma me guie al sendero que más le interese y luego, si eso, estudiaré, mas, posiblemente, lejos de aquí en otro lugar, porque yo soy un poco trotamundos, un poquito aventurero, un poquillo caza peligros. Yo soy lo que una vez otros fueron; Un loco, que prefiere vivir su corta vida al límite. No me conformo con lo típico, busco lo memorable. No busco la fama, pero sí una vida que merezca ser vivida. Si mi alma me susurrase que he de emprender una carrera, lo haría, pero es que mi alma está tan loca como yo, y me pide que me vaya lejos, que cambie mi vida por el silencio, y que si las bombas tienen que asolarme, que lo hagan sin remedio. Allá a la oscuridad de la noche, donde en el invierno, la luz solar jamás se asoma, allá es donde he de ir”.

 

Entonces, frunció el ceño y me miró fijamente a los ojos.

 

“Haz lo que desees”.

 

“Gracias”.

 

Gracias, ¿por qué deberíamos dar las gracias por seguir los susurros del alma? No deberíamos tener que darlas, deberíamos ser libres y que nos dejen serlo para perseguirlo. Tengo una gran amiga cuyos padres no le permiten seguir la voz del alma, y me fastidia tanto, que me hunde en una charca que no es otra sino el cieno que genera mi saliva.

 

 

 

Yo tengo las cosas tan claras, sé que una vida es tan corta, que la vida no posee fin que solo posee fin una vida, no La Vida. La Vida en mayúsculas es la existencia, y la existencia es eterna, no nace ni muere jamás. Empero que tengamos mil oportunidades, no significa que no debamos aprovecharlas al máximo como si solo se tratase de una. Quiero salir al exterior, conocer nuevas gentes, nuevas culturas, mirar a la cara del peligro, ocultarme y mostrarme, quiero viajar a donde sea que me lleve mi espíritu y si es a un frente de guerra, que sea, si es a la calma, que sea, si es a la universidad, ¡qué sea!, mas he de seguir a mi alma, porque ella soy yo y solo juntos, reuniéndome en completo con toda mi esencia, sabré que es lo conveniente para mi ser.

 

Lo que hoy merezco es esto: Salir, luchar, perder, ganar, ahogarse, nadar, vencer, gritar, callar… Mas siempre siguiendo mi susurro más profundo. Siempre siguiendo el sendero que antes de nacer, me marqué.

 

No hacer lo correcto, no seguir lo que clama la sociedad, es peligroso, sé que tiene posibilidad de llevarme a la muerte, pero prefiero la muerte a vivir sin fundamento, a una vida de desdicha como aquella que poseen todos esos señores viejos, que en su lecho de muerte se dan cuenta de que su vida no ha merecido  la pena, que su camino ha sido monótono, aburrido y alejado de lo que desearían, y que sin embargo, sin generarse enemigos, ha derivado en lo típico: Nacer, estudiar, trabajar, morir. Sin siquiera nombrar a la palabra “vivir”, porque una vida no vivida no es nada, ni merece siquiera un segundo de tu preciado tiempo.

 

Al final todos vamos a acabar en ese mismo lecho, la mayoría se arrepiente, una minoría agradecerá que, al menos, vivió de verdad. Yo aspiro a vivir de verdad. A vivir de verdad como antes que yo vivió mi padre, como viví en mis vidas anteriores, como viven los animales, como vive y vivirá la Tierra, como mi espíritu firmó antes de bajar a este lugar. Quiero conocer la Tierra y a sus habitantes al completo, solo en la oscuridad podré entender el motivo que nos arrastra a esa misma calamidad. El ser humano, para mí, es horrible y fascinante. Puede ser mi criatura favorita, aunque no quiera aceptarlo, y a la vez, es, desde luego, la que menos soporto. Si he de ser humano, requiero conocer su buena cara, y para ello, he de alejarme de lo convencional, sumergirme en lo atípico, vivir el riesgo y la calma, vivir el peligro y la tranquilidad, vivir tristezas y alegrías, sin enterrar las melancolías, sin hundirme únicamente en la felicidad. Quiero sufrir y también quiero no hacerlo. Quiero experimentar la experiencia humana al límite de cada emoción, aunque admita que me importe temor y respeto, mas esa es la única forma que conozco de aprovechar este momento, este presente, esta oportunidad.

 

 

 

Escucho el susurro de mi alma, no debo rendirme ante aquellos que me hacen callarlo. Tengo que vivir como mi propio ser desea vivir, tengo que ir a los lares a los que mi propio ser me impulse. Merezco la vida, y para mí la vida se basa en vivir conforme al susurro de nuestro yo más profundo.

 

 Al susurro del alma hay que seguir, al susurro del alma hay que obedecer… Solo el susurro del alma sabe a dónde hemos de ir, solo lo sabe el susurro del alma. 

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